martes, 8 de agosto de 2006

Cruzada contra una campanilla

Sres. de TBA:

La campanilla del cruce peatonal a nivel de la calle Presidente Roca (en el ramal Retiro - Tigre, entre las estaciones Beccar y Victoria) no funciona. O, mejor dicho, funciona, pero a su manera. Desde hace ya varios días, se activa y desactiva en forma aleatoria; y de esta dinámica no se desprende unívocamente la certeza de si se aproxima un tren o no. Lo sabemos, la camapanilla se ha emancipado de la digna función para la que ha sido creada. Y busca perpetuarse en su redescubierto libertinaje.

Desafortunadamente, en este ocioso vaivén suyo, la campanilla tiende a preferir quedarse sonando antes que callada. La ha venido tomando el gustito a esto de tocar su vibráfono cuando no tiene realmente por qué hacerlo, sin aparente culminación. Eventualidad que, lógicamente, afecta los intereses de todos aquellos quienes, por los azares de la vida, tenemos nuestro hábitat en su órbita.

Hablemos, en buena hora, de su sonido.

En su falta de ampulosidad, es un sonido considerablemente irritante. Rítmico y obstinado, opera como una tortura china que lenta pero implacablemente va degradando las cortezas de nuestros cerebros. Cerebros que, de pronto, se ven impedidos de afrontar sus recodos cotidianos sin ese trasfondo tintineante e invasivo que ama la permanencia, se acuesta con la infinitud y pacta con la eternidad.

A pesar de que se trata de un problema que se viene reiterando de manera cíclica desde hace voluminosos años, la empresa TBA no ha tenido nunca la pericia ni el prospecto para poner fin a tal inconveniente. En esta oportunidad, ya van varios días de carnaval y nadie en la concesión parece saber que se han soltado los cabos. Y la señal sonora, poco más que un asceta poste de metal negro, sigue impune. Prolonga su sobernía. Nos gobierna.

Como tantas veces antes, volvemos a apelar a TBA. Jugamos un pleno a nuestra fe. TBA es una empresa en la que nos cuesta confiar. Una empresa que clausura un paso a nivel para vehículos colocando tan solo un viejo rail oxidado; una empresa que goza de aparatosas máquinas para sacar boletos que, no obstante, están inoperativas la mitad del tiempo; una empresa que mira de reojo sus formaciones cada vez más deterioradas; una empresa que acostumbra a demorar los servicios sin dar explicaciones de ningún tipo; una empresa que pone en circulación vagones sin asientos, una empresa que deja de vender pasajes a sus clientes por no tener cambio de diez pesos en las boleterías. Y, oh, un sinfín de cosas más.

Pero qué otro camino nos queda acaso. Tener esperanza es algo que a veces sirve... y a veces no. Una cosa es cierta: la belle-époque de esta campanilla tiene sus días contados. La alternativa de que siga averiada durante un período galáctico de tiempo no tiene cabida en este mundo. No solo por los disturbios que ocasiona, especialmente en la noche, sino porque no cumple con la vital misión de seguridad que le ha dado, en primer lugar, la potestad para emitir ondas sonoras.

Será TBA quién se encarque del tema, lo más pronto posible (de aquí a dos o tres días). O seremos otros.

Por el bien de la sensatez, confiamos en que sea más bien lo primero. Amén.

Cordiales saludos
En espera de una respuesta satisfactoria,

Vecinos del barrio de Beccar, y de la señal sonora que, por lo visto, está muy contenta con lo de "sonora" y no tanto con lo de "señal".

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Voto por justicia por mano propia.

Anónimo dijo...

Tratándose de TBA, viviendo en la Argentina y dada la complejísima tecnología que seguramente es necesaria para reparar la mentada campanilla, sugiero imaginar métodos más expeditivos para solucionar el problema canoro.
PD: Olvidé decir que en un país en el que hace años se imagina un tren bala a no se donde, o se sueña con un transporte intratmósfera a Salta en tiempo record; ni la empresa, ni sus controladores estatales, deben dedicar esfuerzo alguno en imaginar soluciones para estas pavadas.

Lorena dijo...

JAJAJAJAJAJAJAJA imagino como debe de molestarte la campanita esa para que hayas escrito tremendo testamento! YO CREO QUE MAS FACIL SERIA QUE TE LA BAJES NO MAS CON UN PALO O ALGUN FIERRO...

Fede dijo...

Dale duro Otto! Dale duro Otto!

KamX dijo...

Saludos Federico. Soy Camilo Reyes

Montresor dijo...

Jajajajaja llego Camilo a tu blog!!!!!!
Creo que aun piensa ser tu amigo...

(no es que yo crea ser tu amigo, ya que estoy al tanto de que pocas personas son de tu agrado)


PD: No conozco la bendita campanilla pero ojalá en mi pueblo algo hiciera ruido...

Lorena dijo...

No sé para qué montresor quiere ruido en su pueblo, no hay nada mas lindo que el silencio, no sé por qué siempre se queja de que en su pueblo no pasa nada, será que en mi pueblo/cuidad pasa tanto, tantas campanillas, tanta gente, tanto ruido, que estoy algo ofuscada, es más creo que hasta un poco sorda...no solucioné mucho el problema cuando me cambié a vivir a pleno centro de Buenos Aires, la verdad es que me hubiera venido bien seguir los consejos de Fede: ALEJATE DEL CENTRO! Hubiera preferido la muy famosa campanilla que todos los malditos colectivos que pasaban desde las seis de la mañana...LO EXTRAÑO : ( (masoquismo puro)

AuraVioleta dijo...

Este post me gusto mucho.
Todas cosas tienen su ciclo, sobretodo si son artefactos.