sábado, 11 de agosto de 2007

Válvulas oníricas

“Por la madrugada, digamos a las dos o a las tres, lo sé porque de a ratos miro el reloj (mientras puede que una colchoneta de nubes bajas esté regurgitando la luminiscencia de Capital y alrededores, lo que achica la noche, la priva de estrellas heladas), sucede que una armada de ideas me contamina el cerebro. Lo que alcanzo a saber con un mínimo de rigor estadístico es que son varias ideas ansiosas, disparando como cucarachas de pronto liberadas en un terreno extraño, ideas que serpentean y que se trastabillan las unas con las otras, haciendo gala de una inusitada torpeza, enlazándose de mil maneras nuevas que no atino a apresar con los dedos de la memoria, así dejándolas ir. Imposible hacer nada porque se echan a perder una vez traspasado lo repentino del momento. Claro que, como le ocurriría a cualquiera, apenas me puedo dormir con ese corso de ideas esquiando por mis recodos neuronales. Muchas de ellas se contradicen con comicidad, otras invitan a la muerte o al delirio. Las más intrépidas remontan hasta las mismísimas puertas giratorias de mi conciencia, donde pueden entrar y salir ad libitum sin un mínimo de pudor. A éstas las puedo ver. Están ahí, claramente delimitadas.”

“Veo que se cruza para este lado, ojo que esto viene a modo de ejemplo, un teatro. Puede ser un teatro elegante en una calle de Olivos (puede o no ser la misma sobre la que vivía, pero qué importancia tiene); en ese teatro, en ese escenario ante ese público, podría estar yo mismo actuando una obra de mi autoría; una obra que es acaso mi propia vida, o mi propia vida interpretada de diversas formas. Solo así se puede explicar cómo aquel gol errado increíblemente una tarde de colegio (el arquero gateando, la pelota mansita, el arco ahí nomás, y después las carcajadas) finalmente lo termine marcando en los primeros compases de la sonata Waldstein al principio del verano, cuando la navidad todavía era más que una formalidad de ofertas y promociones jugosas. En ese escenario también protagonizo una rotunda rapiña de sexo, en la que los espasmos de mis amadas (y un tornasolado gradual en sus vientres) delatan orgasmos poco comunes que se prolongan tanto como se me antoje, pero aún sigue doliendo la indiferencia de esa puta gallega que nunca alcancé a confundir con los enciclopedismos de mi supuesto orgullo. Unas tras otras, las imágenes del virtuosismo y la derrota piensan por mí, me arrinconan y pisotean su propia huella en doble mano por todo mi cuerpo. Uy! si en este estado pudiera sentarme y recobrar cada hilo, cada voz, cada concepto, sería posible para mí hacer lo que sea. Estoy muy seguro, muy seguro, de que en alguna chispa de todas esas está la contraseña de algo que sirva para dominarme por completo. Cosa que no me vendría nada mal en tanto siempre, por algún motivo, quedo situado más bien del lado opuesto a mi voluntad.”

“Pero después ya con el día, con la luz, las cosas pierden todo sentido: la existencia no vuelve a ser más que esa ficción de viceversas ensayadas, donde los moldes sociales conspiran en cada vacilación, donde el sol no se permite alumbrar más que una colonia de seres que van y vuelven como cultivos ambulantes por el mismo zodíaco que éticas ancianas les han trazado, en sus biblias ruminando cómo imitar provechosamente las Fórmulas del Éxito. Con todos ellos habré de irme yo también, a la caza del dinero y el bienestar (a los que me han acostumbrado bien, por otra parte) hacia los templos donde se me pedirá pasión por cosas que me son monolíticamente ajenas, así todo el tiempo (que tiende a durar pero que muy pronto ya no será nada). Procuraré pues que vean a un sujeto precavido, un sujeto higiénico, un sujeto modular, un sujeto ambicioso pero manso, para que con una o dos zanahorias pendulando frente a mis ojos me muden para dónde más les convenga. Hasta es mejor que ni me vean, para el caso; mejor será que me confundan con el fondo, la escenografía, con esa pátina ecualizadora que dibuja a los bichos caminantes en el plano de las edificaciones y las murallas y las torres de alta tensión. Supongo que no me será tan difícil, además, todos lo recomiendan.”

“Al menos durante unos años estará la noche; esa carencia de luz y esa soledad que es sin dudas la máxima falla que tenemos. En esa soledad, también la más entendible de las compañías, la próxima vez estaré bien atento a cuando las válvulas oníricas revienten en pedazos y las ideas infernales vuelvan al control del mundo. Tal vez, gracias al empleo astuto de las palabras o a algo de suerte (que nunca está de más), pueda descifrarlas, dotarlas de un cuerpo mortal y así mimetizarme con ellas. Si lo consigo, ese mundo, en ese momento puntual, será al fin una posesión soberana. Y ya no volveré. Ya no más ese holograma de síntomas en la epidermis que, con su arte de aparentar, no hacen más que burlarse, reírse de mí en plena vigilia.”

2 comentarios:

Matias Nicolaci Moreno dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

No importa quienes te confundan y con quien te confundan...mientras no te confundas tú