sábado, 16 de junio de 2007

Diálogos en el América (I)

Como todos los viernes luego de caer el sol, comparto unos tragos con mi amigo Ángelo Cassini en el casi desconocido bar América, ubicado sobre la terraza del edificio más elevado de Buenos Aires. Desde lo alto, la capital es una gigantesca medusa luminosa y sus destellos cetrinos parecen ir destejiéndose en la distancia vacía. La medianoche de junio es helada como el ártico. Como el ártico, también, un ánimo sombrío me pesa por dentro. Después de un rato sin hablar, durante el cual solo ha sonado la voz de Fiorella Manoia, Ángelo Cassini me hace un gesto con el mentón, señalando un punto incierto a mis espaldas. Es entonces cuando se desarrolla el siguiente diálogo.

Ángelo: “Sócrates”.

Yo: “¿Acá? Qué raro”.

A: “Sí”

Yo: “Invitalo a nuestra mesa”

A: “Para qué. ¿Lo conocés, Federico?”

Yo: “Ni siquiera le ví la cara”.

A: “Está solo”.

Mientras, dibuja tréboles en su empañado vaso de Fernet. El cielo está limpio y regado de tinta negra. Las estrellas ecuatoriales dibujan una montura sobre el Brasil: Antares la roja parpadea como enunciando un mensaje en código morse. Está viva.

A: “Federico, Sócrates. Sócrates, Federico Fernández, un amigo mío de por ahí. Él mismo insistió para que venga a compartir la mesa con nosotros”.

Sócrates: “Siempre un gusto. Ya nos hemos visto anteriormente, de todas formas”.

Ángelo me mira con una tormenta en sus ojos, pero enseguida un soplido resignado diluye su dentadura. En ese momento alguien ha dejado música de Gilberto Gil; el bar América se encuentra prácticamente vacío. Y aún así, sus paredes marrones agobian, sus severas cenefas de color desierto. Todo es interior. Sócrates se sienta entre Ángelo y yo. El mozo pasa como distraído a nuestro lado.

S: “Cicuta, por favor”.

Ángelo aprovecha y pide otro Fernet. Yo solo quiero un vaso de soda fría, pero no pido nada.

S: “A quién van a votar… ¿Filmus o Macri?”.

Yo: “En realidad yo no voto en Capital, así que me ahorro la engorrosa tarea de tener que decidirme por el menos peor”.

S: “Bueno, entonces… ¿A quién votaría si tuvieras que votar, Señor Fernández?”

Yo: “Antes habría dicho que a Macri. Pero últimamente ya no estoy muy seguro”.

A: “¿A Macri? Esa es buena…”

S: “¿Cuándo es “antes”?”

Yo: “Antes es antes de la primera vuelta. Bastante antes. Digamos que no tenía ningún motivo en especial para votar por ninguno de los tres, y sinceramente me cuesta pensar que alguien realmente los tenga”.

S: “Entonces por qué Macri”.

Yo: “No sé. Digamos que para que demuestre algo. El tipo habla mucho todo el tiempo, dice que él tiene un proyecto. Bueno, si tenés un proyecto lo quiero ver. Entonces lo voto. Es para ver si cumple o no, para ver si es distinto o no. No es que tenga mi crédito, conste, porque yo por definición no creo en nadie que sea canditato a algo. Para mí votar a Macri sería una especie de experimento”.

S: “Los otros candidatos también tienen proyectos. Filmus también tiene proyectos. ¿O no?”

Yo: “No. No tiene proyectos. Tiene consignas: vote salud, vote educación, vote seguridad… Es decir, generalidades recontra-obvias que ya escuché mil veces y que, la verdad, no entiendo cómo siguen usándolas, o mejor dicho, porqué les seguimos creyendo. En no-sé-cuántos días de campaña no me queda claro qué piensa hacer Filmus con la gestión de la ciudad. Solo sé que descubrió que Telerman publicitaba como suyas obras que se están haciendo en Avellaneda. Por lo demás, me parece solo un tipo al que vino alguien y le dijo: “vos vas a ser candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad” y el tipo contestó “bueno”, seguro que porque no le quedaba opción. No podés armar ningún proyecto significativo en tan poco tiempo y sin tener vos la iniciativa. El tipo se manda porque tiene al gobierno nacional detrás. Esa es su carta. Vote a Kircher. La idea es llegar, como en el TEG ¿Vieron? Llegás, tenés la posesión de un territorio, y está bueno porque desde ahí podés saltar a otro, pero en ese territorio no hacés nada. Filmus va a llegar al despacho y va a preguntar “Qué onda ahora, che”. Que es lo que hacen todos. Quieren despachos, quieren bancas, quieren todo eso, pero no porque tengan mucho para hacer. El despacho en sí mismo, la banca en sí misma los re-calienta. Saben que a partir de allí tienen para hacer todas las tramoyas”.

S: “Sin embargo, si Macri no tiene su crédito, como decía usted antes,… cuál es el sentido de ver si cumple o no cumple, si es distinto o no. Si no le cree, es porque cree que no va a cumplir”.

Yo: “Bueno… sí... Pero lo votaría como para quemarlo. Para que quede demostrado que es un politico berreta más, al que solo le interesa el poder y listo”.

A: “Man! Qué razón rara para votar a alguien. Es como si ahora se presentara Hitler y yo dijera: no me gusta mucho Hitler, pero lo voto para que mate a todos los judíos, a todos los putos y travestis, a todos los zurditos y así quede probado que es un facho y nadie lo quiera. Medio pelotudo lo que decís, Federico”.

Yo: “Sí, pero no tanto. Si Macri se quema en la ciudad no corremos el riesgo de que después sea presidente. Imaginate que gana Filmus y después Macri, por un golpe del destino (igual que Kirchner), llega intacto a presidente. Ahí nos la vamos a tener que bancar ¿eh? Mejor probar en la ciudad. Si se quema, ya está, se quemó solo. Y si le va bien… cosa que no creo… pero si le va bien, bueno, en ese caso no tendríamos que temer tanto. Pero como le va a ir mal, o más bien, no va a demostrar nada importante, nos aseguramos que las cagadas las haga en la ciudad y no en el país entero. Acordate de Lopez Murphy. No lo va a votar nadie nunca porque en el brevísimo lapso en el que estuvo en el ejecutivo anunció recortes presupuestarios de todo tipo. Quedó asociado a eso. Ya está. Nadie que quiera salir electo va a andar hablando de recortes a la gente. De la misma forma, nadie va a votar a Macri si prueba en la ciudad todo lo malo que hoy dicen de él, por ejemplo”.

A: “Man, lo decís como si lo de Menem ganador en primera vuelta en 2003 nunca hubiera pasado. O como si Macri no hubiera hecho nada, justamente, en la época de Menem. Se ha votado a cada uno acá, y más de una vez. No es que hacés algo mal y ya todo el mundo se da cuenta y no te vota más. Lamentablemente, nos convencen con cualquier gilada y esconden toda la mierda bajo la alfombra. Y nosotros vamos y OK, los votamos. Fijate que Macri se cansó de hacer negociados millonarios con el gobierno menemista y nada, se presenta y 46% saca. Además, es diputado… quiénes entre quienes lo votaron tendrán una mínima idea de qué hizo como diputado. No importa. Van y 46% de votos le dan, ¿Entendés?”

Yo: “Tenés que entenderme vos. Si me dicen que tengo que elegir a alguien no voy a tirar los dados. Alguna razón tengo que buscar. Y la que encuentro yo es: quiero ver qué hace Macri. Me interesa ver qué hace. Ojo, no te digo: “me interesa darle una oportunidad”, te digo: “me interesa ponerlo en esa situación delicada”. Además es el único que más o menos habla de las cosas tangibles. La ciudad se inunda, bueno, nosotros vamos a arreglar las inundaciones, dice Macri. Yo digo: no va a arreglar un carajo… pero es una apuesta, suya y mía, y quiero ver quién gana”.

S: “Un experimento, un juego de apuestas. Se ve que se lo toma usted en serio, Sr. Fernández”.

Yo: “Cómo quiere usted que me lo tome, Sócrates. Tengo fuertes objeciones para ambos candidatos, así que por mí no votaría a ninguno. Alguna razón tengo que utilizar. Si es por un juego, por una apuesta o un experimento, bienvenido sea. No la caretiemos, Sócrates: hoy en día votar en la Argentina es un experimento o una apuesta. Los dos, de alto riesgo. Yo lo único que hago es agregar la novedad de apostar negativamente”.

S: “Pero de esa forma está, en definitiva, dándole al tipo exactamente lo que quiere. Usted lo votaría no porque le cree, sino para “ver qué onda”, pero viene luego el Sr. Macri y lo que le dice es: “muchas gracias”. ¿La razón de la ideología? ¿No sirve?”

Yo: “Sí, pero no mucho. De hecho, si fuera por la ideología es obvio que simpatizo muchísimo más con Filmus. Filmus siempre me pareció un tipo serio, mucho más serio y pensante que Macri, solo que tiene ese problema de que es él como podría haber sido cualquier otro ministro elegido a dedo por Kirchner. Las ideologías siempre influyen, pero hay que pensar un poco: montándose sobre las ideologías te venden cada cantidad de humo que da miedo. Y si nos descuidamos también nos terminamos vendiendo humo a nosotros mismos, lo que es mucho peor. Está muy bien tener ideologías, pero la ideología no es, no debería ser, un tema de fanatismo o de aguante, como el cuadro de fútbol del que somos hinchas. No me gusta eso de que como soy de izquierda siempre voy a votar al candiadato más de izquierda que haya disponible, sin importar quién sea ni qué ofrezca, suponiendo que la definición ideológica – como antes los partidos – determina unilaterlamente todo lo que va a venir después. Porque no es así. ¿Cuántos dirigentes “progresistas” o “de izquierda” cuando llegan al poder se la pasan haciendo negocios, nombrando amigos y reprimiendo manifestaciones? ¿Cuán “de izquierda” son realmente Lula Da Silva en Brasil, Michelle Bachelett en Chile, o Tabaré Vazquez en Uruguay? A lo que voy es que hoy en día, por más que nos pese, al votar por una ideología no estamos votando una serie de programas concretos y bien definidos que apuntalan esa ideología, sino que estamos votando a un individuo con sus intereses individuales que solo tiene un discurso que nos gusta. Además, ¿Qué diferencia existe hoy en día votar por izquierda o derecha? Qué diferencias sustanciales va a haber. Hoy en día, y por muchos años, el mercado es el que manda. Y mientras sea así, muchas cosas complicadas que tienen que cambiar no van a cambiar”.

A: “Bueno man, no habrá diferencias sustanciales como vos decís. Pero hay diferencias. Mínimas como sean siguen siendo una razón mucho más interesante que votar a Macri para ver a ver qué hace. Porque, además, para ver a ver qué hace me parece igual de interesante ver qué hace Filmus. Ver si hace una gestión interesante o no. Si se reafirma como un muppet o si se anima a hacer su propio gobierno, a emerger como figura fuerte. Lo que digo es: si vos votás a Macri votás a un tipo que, por ejemplo, piensa, y además lo dice, que hay que reprimir la actividad de los cartoneros. Con Filmus votás casi lo contrario. Tu posición en ese tipo de cuestiones delicadas tiene que pesar a la hora de ir votar. Si te descomprometés así estás directamente tirando el derecho de voto por la basura”.

Yo: “Estoy de acuerdo y no estoy de acuerdo. Yo pienso que el tan mentado voto es una mentira para que pensemos “copado che, con mi voto decido el futuro del país”, cuando en realidad las cosas grosas del país se deciden por gente que no conozco sin que yo me de cuenta, vote a quien vote. Además yo voto una serie de opciones limitadísimas que son lo que hay. Te dicen: “elegí entre Macri y Filmus”. Punto. Yo no tengo ningún medio que me permita elegir a alguien mejor que esos dos. Como si fuera poco, después esos tipos nombran una legión de chupasangres que pueden ser buenos, muy cada tanto, pero que también pueden terminar haciendo todo tipo de mocos, que es lo más probable. Y yo no tengo forma de fiscalizar eso. O sea que esa “fiesta cívica” del voto, por mí que se la metan en el tuje. Quiero decir, desde que empecé a votar lo hice siempre con la sensación de que no tenía demasiada importancia. Es cierto, después llega una persona u otra, y están las diferencias que vos decís… pero justamente a eso voy. El tema de si se reprime o no a los cartoneros no es que sea secundario. Es importante, y si me preguntás a mí me parece una locura pensar en reprimir a los cartoneros. Pero hay muchos otros problemas, problemas muy concretos, que tiene la ciudad, que no se solucionan con ideología. No es cuestión de ideología, por ejemplo, ponerse las pilas para solucionar el tema de las inundaciones. Cualquier tipo medianamente capaz lo hace, independientemente de qué piense sobre el mercado, el trabajo y la propiedad de los medios de producción. Yo lo que necesito es eso. Si vos me decís, tal candidato es de derecha pero en tres años me contruye dos líneas de subte nuevas, que es la cosa concreta en donde yo voy a ver la gestión, entonces que venga el candidato de derecha. Yo puedo tener ciertas ideas de izquierda, pero no tengo porqué satanizar a alguien que piensa diferente, y menos si es alguien que de repente puede hacer una buena gestión gubernamental. Yo busco eso, busco tipos que sepan gestionar… Después, lo que piensen o dejen de pensar sobre las grandes cuestiones ideológicas, se debatirá o no”.

S: “Parece usted suponer que la cuestión ideológica está totalmente separada de la gestión. No obstante he aquí una pregunta. Supongamos que Macri te construye dos líneas de subte en tres años… Supongamos que termina la línea H y la F también. Pero además empieza a perseguir a los cartoneros y a meterlos presos. Alguien te dice que va a ser así, y lo damos por hecho. ¿Lo votás?”

Yo: “Sabiéndolo, no lo voto”.

S: “Pues bien, está entonces admitiendo que las cuestiones ideológicas sí importan, y mucho. Porque en este caso una simple cuestión ideológica entre tantas determina un no rotundo de su parte, Sr. Fernández, aún con esa buena gestión de infraestructura que tanto pretende usted reivindicar”.

Yo: “Sí, ok, lo ideal sería que construyan las líneas de subte y además tengan políticas concretas para no reprimir a los pobres cartoneros. Pero por eso mismo le decía antes que el rango de opción es muy pobre. Porque ya sé que Macri piensa, o lo ha dicho alguna vez, en reprimir a los cartoneros pero tampoco tengo indicios claros de que vaya a ampliar la red de subtes o a mejorar el tema innundaciones”.

A: “Entonces lo votás a ver qué onda. Bien ahí”.

Yo: “OK, tienen razón. Igual no creo que Macri reprima a ningún cartonero. Otra apuesta que me gustaría ganar. De todas formas ustedes dos se olvidan de que había dicho que esto era antes. Después realmente aborrecí el discurso fatalista que trae Macri; habla de caos, de que la situación en la ciudad es horrible, que está hecha un basurero y que matan gente todos los días; según su discurso pareciera que Buenos Aires es la peor ciudad del mundo para vivir. En vez de decir, “hay algunos problemas y tengo la solución”… no, dice que estamos casi al borde al apocalipsis ¿Realmente somos tan imbéciles? Parece que sí, digo, por los votos que sacó con ese discursito tan berreta. Después claro, si uno sigue y se pone a pensar y a pensar y lo único que queda es votar en blanco”.

S: “¿En blanco? Si descartó usted al Sr. Macri a pesar de que en principio lo votaba… ¿Por qué no Filmus?”

Yo: “Filmus me cae bien, como dije antes. Pero pertenece al gobierno nacional, que ya no me cae tan bien. Y haga lo que haga no puedo evitar a verlo a Filmus como una improvisación del gobierno nacional para copar la parada en Capital. El tipo tiene que prometerme que cuando llegue se va a hacer el boludo, en el mejor sentido del término, y no le va a dar bola a nadie más que a sus convicciones. Pero aún si hiciera eso ¿Es un tipo capacitado para ejercer él solo el ejecutivo? No sé, quizás si mañana entrara al cuarto oscuro, y repito que en realidad no voto acá, lo voto a Filmus. Pero son demasiadas preguntas sin respuesta”.

S: “No hacen falta respuestas. Hacer preguntas es más inquietante que responderlas. Si todo el mundo se hiciera las preguntas que nos hacemos hoy acá, los políticos como Filmus o Macri estarían en serios problemas”.

A: “Celebremos entonces estas preguntas. Y propongo juntarnos todos los viernes, acá, en el bar América, para seguir debatiendo éste u otros temas”.

Levantamos nuestras copas sobre nuestras cabezas. Mi ánimo sombrío comienza a disiparse ya, como si los vapores del alcohol lo hubiesen envuelto en mimos. Miro el reloj: son las dos de la mañana del 16 de junio de 2007. Le pregunto a Angelo, “Y vos por quién vas a votar”.

A: “Man, por Macri, a ver qué hace”.

Me hace un guiño burlón y se echa un par de tragos de Fernet. Un bostezo me recorre la tráquea hacia abajo, llenándome de un aire que busca en vano renovarme. Solo el sueño, pienso, me tendrá un poco más vivo mañana a esta misma hora. Desde el bar América, mientras tanto, se contempla la madrugada fría y todavía envenenada de oscuridad.

3 comentarios:

Fede dijo...

Evenenado de oscuridad están tus pensamientos, Fede ;)
Sí, esos como cuando esbozás un:

"Pero hay muchos otros problemas, problemas muy concretos, que tiene la ciudad, que no se solucionan con ideología. No es cuestión de ideología, por ejemplo, ponerse las pilas para solucionar el tema de las inundaciones. (...)
Yo busco eso, busco tipos que sepan gestionar… "

Ahí te comiste toda la propaganda macrista, porque esos son, tal cual, los slogans de "Mauricio".

Dicho eso, mi posición está más que clara en mi blog y no necesita ampliarse demasiado.

A mí también me dieron ganas de que gane Macri a ver si hace TODO lo que prometió, pero es una apuesta peligrosa, yo no andaría jodiendo con apuestas del tipo "a ver si se anima a reprimir". Por que en una de esas se anima, y en otra de esas a ciertos porteños les termina gustando. Muy ingenioso el juego, pero la verdad que peligroso.

De todas formas coincido levemente con la estrategia de "que [Macri] se queme en la ciudad".

Y me gustó el formato original. Igual tu amigo Sócrates debería decir más gansadas como las que dice en "sus" obras, del estilo "Oh, por Zeus, cuánta razón tienes".

Abrazo.

fedefer dijo...

Puede que me haya tragado la campaña de Mauricio (que es Macri, hijo de Franco), pero en realidad es algo que pensaba desde antes. Ya se sabe que no soy un doctrinario de las ideologías, salvo en casos muy concretos y extremos. Lo que quiero decir que lo ideológico es casi siempre un discurso que no termina de traducirse en hechos concretos. Y cada tanto está bueno ver hechos concretos. Lo cual no implica que crea que Macri los vaya a producir.

De todas formas, justmente, "mis amigos" sabios se han puesto de tu parte y me lo han hecho notar, así que se puede decir que algo me convencieron finalmente. Como se ve, tengo dualidad de pensamientos :)

Juan Ramón Velázquez Mora. dijo...

Está bueno el escrito, aunque no esté inmerso en su problemática. ¿En qué casos extremos eres doctrinario?

As: Por Quien Merece Amor - Silvio Rodríguez.

Atte: Juan Ramón Velázquez Mora.

Post Scriptum: deberías poner una liga al blog en d/r. Supongo que tendrías más audiencia todavía.